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martes, febrero 12, 2008

LA BAÑA

Ocupando el vértice geográfico que delimitan las provincias de León, Orense y Zamora se halla la remota comarca de la Cabrera leonesa.Sus abruptas pendientes, que se elevan por encima de los 2000 metros, siempre han constituido una inabordable muralla para el tránsito humano, hecho por el cual durante décadas este conjunto de cumbres y valles ha gozado de un aislamiento secular.Alcanzando las últimas estribaciones de los montes de León se encarama el pueblo de La Baña, núcleo pizarrero de la Cabrera.Con apenas 600 habitantes, La Baña tiene el honroso placer de ser el escenario de al menos una novela.

Cuenta su autor, el bilbaíno Ramiro Pinilla, como fue interpelado por un sujeto que le ofrecía su testimonio para la posteridad.Sin duda, dicho individuo pensaba, muy acertadamente, que la narración de sus vivencias podría remover algo muy dentro de cada lector.Lo cierto es que Pinilla, despues de escuchar ávidamente su dilatado relato, no pudo dejar de sentir una especie de necesidad imperiosa de transcribir a papel todo aquel torrente de experiencias, en su mayor parte calamidades y desgracias.

Con el sugerente título de Antonio B. El Ruso.Ciudadano de Tercera apareció la novela biográfica de aquel hombre desgarbado pero tremendamente vivaz.Lo que puede encontrar el lector es una sucesión de amargas peripecias que se encadenan cronológicamente hasta la madurez de Antonio Bayo, apodado el Ruso por su rubicundez.Ahora resulta anacrónico pensar que algún poblador del solar ibérico pueda pasar un día sin tener nada con que atemperar los embates del hambre.El testimonio de Antonio Bayo es un hito relíctico de una época en la que el hambre era un huésped que se aposentaba en aquellos hogares menos favorecidos por las circunstancias del momento, los cuales eran una gran mayoría en la posguerra.A través de un lenguaje descarnado, directo, corrosivo hasta la médula uno no puede evitar un doloroso espasmo a la vez que una lacerante y desgarradora imprecación nace de las entrañas pugnando por romper las cuerdas vocales.Dicen que es triste pedir, pero más triste es robar.Antonio Bayo fue un maestro más de la tristeza.

Saludos.

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domingo, febrero 03, 2008

DAVID

Hubo un tiempo, siglo X a.C, en que los que se autodenominaban como pueblo elegido de Dios, hebreos o judíos, se batían denodadamente contra sus vecinos tratando de conservar aquella tierra prometida por Yahvé a Moisés en lo alto del Sinaí.Desde sus posiciones en el sudoeste de Palestina, los filisteos suponían una constante amenaza para la independencia de los israelitas y eran frecuentes las confrontaciones entre ambos pueblos.A la belicosidad y la poderosa organización militar de los filisteos oponían los hebreos su arrojo e inteligencia para compensar su teórica inferioridad física.

Todos conocemos el episodio bíblico que narra el combate entre David y Goliath.De un lado un animoso pastor israelí, enjuto, de corta estatura, fiereza inusual en la mirada, fiado en su destreza en el manejo de su honda, de otro un gigantón de casi tres metros de envergadura, erizado de hierro, armado de letales dardos y proyectiles, desafiante ante la impotencia manifiesta de sus aterrorizados enemigos.La Biblia, libro de Samuel, a través de su lenguaje poético lleno de simbolismo refiere el inesperado triunfo del intrépido jovenzuelo hebreo, personificación de la supremacía de la inteligencia sobre la fuerza bruta.

Cabe acoger con cierta prudencia y alguna que otra suspicacia todo lo que se deriva de la lectura del libro sagrado de los tres principales religiones monoteístas del mundo.No se puede asegurar con certeza absoluta que un hercúleo filisteo de nombre Goliath fuese abatido por un escuálido pastorcillo israelita que más adelante se convertiría en el más glorioso monarca de Israel.No obstante, en 2005 se encontró en unas excavaciones arqueológicas en Tell es-Safi, sudoeste de Israel, supuestamente en el emplazamiento de la primitiva urbe filistea de Gath de donde se dice era originario el gigantón, un pedazo de material cerámico con una inscripción en idioma protocananeo, contemporánea de la época en la que se describen los hechos, en la que figuran dos nombres etimológicamente similares a Goliath.Quizás la derrota de Goliath a manos de David es una imagen metafórica de la sumisión final de las ciudades filisteas al dominio israelita.Eso sí que es un hecho documentado y realista.

David, el amado en lengua aramea, es una de las figuras inspiradoras del pueblo judío en su lucha por su espacio vital, una tierra en litigio durante milenios que hoy se sigue regando con la sangre de víctimas inocentes, tal y como ha sucedido desde que los israelitas se establecieron en la Canaán soñada.Fue precisamente David quién emplazó su capital en la que hoy es la ciudad sagrada para las tres religiones, la Jerusalén celeste, aunque para ello debió desalojar a sus pobladores jebuseos.David, en tu nombre Jerusalén se erigió como centro del Universo.¿Son tantos los amados?.

Saludos.

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viernes, diciembre 21, 2007

BLANCO AMOR

Respecto de lo que se conoce como generación literaria del 27 tengo una noción bastante superficial por la que tenía entendido que una gran parte del elenco de escritores que compusieron aquella gloriosa nómina fueron esencialmente poetas, cultivadores del verso como García Lorca, Alberti, Salinas, Alexandre, Cernuda o Guillén entre otros.Algunas de las más bellas poesías en lengua castellana han brotado de su puño y letra.García Lorca suele considerarse uno de los más excelsos vates que haya dado este país de países que es la piel de toro.

Héte aquí un exiguo novelista gallego, aunque desconozco si exhaustivamente podría considerarse miembro de tal constelación literaria, de nombre Eduardo Blanco Amor, coetáneo de aquellos, incluso llegó a entablar una profunda amistad con el insigne Federico, cuya producción prosística, en su mayor parte escrita en su lengua vernácula, el gallego, merece una mención en este blog.Como tantos gallegos de aquellos días se vio abocado a la emigración, Buenos Aires, donde se desarrolló una parte importante de su vida y su obra, desde 1919 hasta su definitivo retorno a su terruño en 1965, con largas estancias en suelo patrio como corresponsal del diario porteño La Nación.

Su obra destila el sabor, olor y color de una tierra como sólo un gallego es capaz de reflejar allá donde vaya.En Los Miedos(1936) queda perfectamente retratado el universo rural gallego, con sus acendradas supersticiones, sus milenarias tradiciones, su excepcional marco natural.Sin olvidar su detallada descripción de un modelo social vigente en su tiempo, donde quedan subrayadas las desigualdades, que no son obstáculo para el mantenimiento de unas fluidas relaciones entre los diferentes estratos que componían aquella sociedad eminentemente agropecuaria.Y por encima de todo, la visión relativamente inocente de un niño preadolescente que presagia la llegada de nuevos miedos a los que deberá enfrentarse en el futuro.Superchería y realidad se dan la mano para introducir al imberbe en la madurez de la edad adulta, con todas sus consecuencias.No todas ellas edificantes, por cierto.Lean la novela y lo verán.

Saludos.

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jueves, noviembre 08, 2007

MERCADO DE ESPEJISMOS

En ocasiones el subconsciente construye situaciones que se adaptan a nuestras aspiraciones o deseos, ya sea por deseperación, necesidad o mera ilusión ficticia.El caso es que un espejismo es una proyección mental de deseos no satisfechos y que raramente se materializarán en el mundo tridimensional.Como en esta sociedad mercantilista nada puede sustraerse a su poderosa atracción, el espejismo es otro material, de índole emocional, susceptible de ser objeto de una transación comercial.Para todo producto existen potenciales consumidores y no iba a ser menos en el caso del espejismo.

Bajo estas premisas se desarrolla la novela Mercado de Espejismos de Felipe Benítez Reyes, premio Nadal 2007, que, pese a la relativa justicia que preside la concesión de laureles literarios, pr una vez parece merecer el honor concedido.Partiendo de un escenario con profusión de personajes dentro de un entorno en el que entroncan y se entrelazan actividades tan paradigmáticas como el esoterismo, la venta de reliquias o el coleccionismo de arte, Benítez urde magistralmente una sagaz trama de acontecimientos cuyo denominador común es, precisamente, su carácter de espejismo y su volubilidad a la hora de ser transferido a voluntad.Como muy acertadamente quiere reseñar su autor, la realidad en sí misma puede ser un espejismo cuyas múltiples aristas muestran innumerables versiones de una verdad.En ese sentido se orienta la reflexión final del narrador de la historia, cuando afirma que sólo recorriendo el camino que tenemos por delante, embarrado, borroso, macilento, indefinido, ese lodo inconsistente adquirirá firmeza y quedará fijado por ende.

Mercancía peligrosa si se abusa de ella en demasía, aunque sólo sea una simple apreciación subjetiva.Hay personas que de vez en cuando se permiten el capricho de adquirir un espejismo, sabedores de su fugacidad, mientras que otras optan por vivir inmersas en ese irreal mercado de espejismos en el que, nos guste o no, todos nos hallamos inmersos aunque ni lo sepamos ni deseemos saberlo.No sé quién afirmó que en la ignorancia se hallaba el secreto de la felicidad, aunque debo sumarme a tal afirmación.Somos botellas que vagan erráticamente en un océano insondable en busca de la felicidad, si es que una botella puede ansiarla.

Saludos.

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jueves, agosto 09, 2007

ASENSI, MATILDE

En lo tocante a la literatura actual, no existe una correspondencia entre las opiniones de los críticos literarios y las de los menos avezados lectores.Incluso dentro del brillante panorama literario de nuestro país se puede asistir a una enconada y larvada contienda entre los defensores y detractores de una y otra visión.Si atendemos a la calidad literaria de una obra, está claro que implicará una sensible reducción de su cuota de mercado.Otros simplemente plantean que los libros son para ser leídos y que cuanta mayor cantidad de gente lea significará que, como dice el refrán, el cliente siempre tiene la razón.Y si trasladamos la controversia a la calle, también perviven ambas concepciones acerca de la creación literaria.

Seguramente Matilde Asensi, alicantina de origen y periodista y escritora de profesión, cuenta con sus correspondientes correligionarios y detractores.Ya desde su primera novela, El Salón de Ámbar, 1999, Asensi demuestra una inclinación por la trama histórica que seguirá desarrollando a lo largo de sus obras posteriores y que la sitúan, merced a su concienzuda labor documental, dentro del escogido grupo de autores que cuentan sus libros por miles de ejemplares en sucesivas ediciones.En cada una de sus novelas, por descabellado que sea lo que ocurra en ellas, se percibe un oscuro trabajo y un elaborado estudio del marco histórico en el que se desenvuelve su argumento, algo que, sin embargo, no dota de calidad un escrito por muy fiel que sea al original.Y es indudable que consigue atrapar al lector dentro de la trama, de forma que parece que sea el mismo buscaletras el que ríe, llora, trepa, retrocede, grita o suspira.Su narración es dinámica, sencilla, a veces trepidante y es acertada la elección de los episodios históricos, normalmente intentando rellenar huecos vacíos en la cronología mundial.

Mi versión es que, aunque no considero sus obras como excelsas obras de arte literario, nunca creo que vaya a ganar el Nobel, sí que es cierto que encuentro en ellas multitud de alicientes para seguir leyéndolas porque, y es algo que valoro en su justa medida, es capaz de generar inquietudes o abrir vías desconocidas que me sugestionan y me enganchan.En cierto modo, la vida es un continuo aprendizaje y gracias a Doña Matilde, Asensi, sigo en la brecha aprendiendo.A leer lo primero.

Saludos.

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viernes, junio 22, 2007

UCRONÍA

Aunque se precisaron millones de años para que Einstein demostrara empíricamente la unidireccionalidad impasible de la dimensión temporal, es un hecho constrastado que desde los albores del desarrollo de la capacidad intelectiva humana ya el Homo Sapiens se percató del inapelable paso del tiempo.Como no hay dos seres humanos iguales, así a un instante sucede otro instante, sin posibilidad de regresión.

Resulta vano, aunque mueve a la reflexión, elucubrar acerca del modo en que se hubieran desarrollado acontecimientos puntuales de la historia de la humanidad si ciertos personajes hubieran obrado de manera diferente.Divaguemos por un momento acerca de las terribles consecuencias que hubiera acarreado para la humanidad entera un hipotético triunfo de Hitler.¿Conoceríamos una América Latina hispanohablante si Colón hubiera puesto proa a sus carabelas en dirección al Cabo de las Tormentas?.Si Escipión hubiese sucumbido ante los muros de Cartago, ¿hubiera liderado Numancia la emancipación de los indígenas ibéricos del yugo romano?.Son innumerables los interrogantes que podríamos plantear, algunos ciertamente descabellados, otros más plausibles, y se pueden elaborar otras tantas hipótesis, aunque como es natural nada puede cambiar el curso de los acontecimientos.

Dentro del género de la novela histórica, que se entremezcla espontánemente con la ficción, existe una corriente o subgénero que se aprovecha de una trama urdida en torno a un hipotético pasado que se conoce como ucronía.En síntesis, la ucronía representa una utopía del pasado, a pesar de que utopía y futuro van inextricablemente unidas.Perogrullando, uno se devanea los sesos pensando lo que uno no sería si nunca hubiera sido.Ucronía a escala celular.

Saludos.

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sábado, junio 09, 2007

MUERTE EN VENECIA

Hace años que las más altas instituciones estatales del mundo de la Cultura en general están empeñadas, sano empeño por cierto, en que nuestro país abandone los últimos puestos dentro del ranking europeo de lectura.Campañas periódicas nos recuerdan lo estimulante de la práctica solitaria de la lectura a la par que didáctico, ameno y útil.En muchos casos, un hábito firmemente adquirido desde la infancia no deja caer en saco roto estas recomendaciones.

Lo cierto es que un libro se ha convertido en un producto esencialmente caro para el bolsillo del consumidor medio.La evolución de la técnica impresora, la superior calidad del papel, la encuadernación o las suntuosas cubiertas han disparado el precio de un artículo de primera necesidad intelectual, indispensable para muchos en la mesilla de noche o en el trayecto en transporte público.Un tanto hastiado de recurrir a viejas ediciones de bolsillo o a afamados clásicos de antaño, hace unos días tomé una decisión salomónica: decidí inscribirme en una biblioteca pública sin renunciar a seguir aprovisionándome, cuando la ocasión lo merezca, de asequibles ejemplares literarios.

Y para celebrar mi debut en tales lides, elegí una obra del escritor alemán Thomas Mann que lleva por título La muerte en Venecia.Jamás había leído tal obra, aunque conocía la versión cinematográfica, magistral afirman los entendidos, dirigida por Luchino Visconti y protagonizada por Dirk Bogarde.Despues de desgranar esta corta novela, no más allá de las 100 páginas, debo felicitarme por ello pues en tan corto espacio he hallado una obra excepcional.

Enmarcada dentro de un escenario temporal como la década de 1910 en un marco geográfico tan singular para la mentalidad nórdica como es la Venecia serenísima, el autor radica su obra sobre dos de los pilares sobre los que se alza la iconografía humana, tan esenciales como lo son el amor y la muerte.Alentado por un espontáneo deseo irreprimible, un celebrado escritor, alter ego del propio autor, decide embarcarse en una aventura meridional que le conducirá a un destino inevitable al que se encaminará convencido.Descubrirá, fatalmente, que el depositario físico de sus más íntimos devaneos amorosos, un apolíneo efebo polaco adolescente, encarna simultáneamente la parca, la segadora de almas.En un ejercicio de supremo amor, sobreponiéndose a la instintiva capacidad de supervivencia, el protagonista se abandona en los brazos de la muerte, sabedor de que sólo ella podrá separarlo de su platónico objeto de deseo.Es curioso observar este esquema existencial, más propio de caracteres sureños, en un individuo de extracción centroeuropea.Tal vez sea consecuencia del influjo mediterráneo que se percibe en el conjunto de su obra.

Saludos.

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domingo, abril 15, 2007

PAMUK

La Academia Sueca se decantó por la concesión en este 2007 del Nobel de Literatura a un, desconocido en los circuitos occidentales, animoso escritor turco, nativo de la perla del Bósforo, la ensoñadora Estambul.Se premia, de esta manera, la trayectoria literaria y vital de un hombre atrapado entre una fuerte atracción por la civilización occidental y un dulce apego a las más hondas tradiciones otomanas, una dicotomía que tiñe profundamente las páginas de la que se dice es su obra más destacada, Estambul, cuidad y recuerdos.

A lo largo del extenso texto que compone su libro, Orhan Pamuk se desliza ora por su progresista visión de la laicista sociedad turca ora por su renuente resistencia a sepultar la herencia de uno de los mayores imperios de la época moderna, el otomano.Pamuk hace hincapié en la tremenda sensación de amargura, de melancolía, de decrepitud que invade el alma de los estambulíes, en una época, mediados los años 50 y la década posterior, en la que todavía se podía asistir a los postreros estertores de una sociedad otrora poderosa, pero en franco declive una vez decretada la abolición del imperio, con todo su entramado de poder, y la proclamación de la república laica de Turquía, hecho acaecido en 1923 y que tuvo en su principal valedor al que es considerado el padre de la Turquía moderna, Mustapha Kemal, Ataturk.

Esa amargura permeable, esa indolencia resignada se trasluce en todo el recorrido textual, como una especie de acicate para ayudar a superar la sensación de derrota que subyace bajo las visiones de los últimos palacetes otomanos presa de las llamas o los recorridos por el Cuerno de Oro sobre vetustos buques que amenazan con quedar sepultados bajo el mismo manto de silencio que, tiempo ha, envolvió los retazos de un pasado esplendoroso, pujante y evocador.

A pesar de que un tenue pesimismo, producto de esa omnipresente amargura, sobrecoge al novelista, un postrero impulso lo lanza a la escritura como instrumento para pergeñar lo que constituye su principal aportación a su superación.Bien dicen que para superar un problema, lo primero y más importante es reconocer la existencia del mismo.Pamuk parece haber superado su amargura.Aunque, sinceramente, en ciertos momentos, tampoco es desdeñable disfrutar con uno mismo de esa amargura.

Saludos.

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domingo, marzo 25, 2007

PAPIRO

Automáticamente, asociamos el antiguo Egipto con esta planta palustre que abunda especialmente en las márgenes y delta del río Nilo, empleada en la fabricación de objetos de cestería aunque sea otra la principal utilidad a la que se ha destinado, desde tiempos inmemoriales, su cosecha.Se tiene constancia documental del uso de la fibra de papiro como soporte de escritura desde una fecha cercana al 3000 a.C., datable en la I dinastía faraónica egipcia.

El proceso de manufacturación de un papiro comienza con la recolección de sus esbeltos y alargados tallos que se cortan verticalmente en cintas, pegadas unas sobre otras para obtener una hoja que, aplastada y secada posteriormente, se convierte en un excelente papel, del griego papiros.Si se engarzan varias hojas así confeccionadas se obtienen papiros de extraordinaria longitud que, para su adecuada manipulación, se enrollan alrededor de un soporte cilíndrico de madera u metal, el rollo.

Una buena parte de los acontecimientos que se sucedieron en la antigüedad, crónica bíblica incluida, han llegado a nuestro conocimiento merced a las excepcionales condiciones de preservación de rollos egipcios, hebreos, fenicios o asirios.Como es lógico, fueron los escribas egipcios los más preciosistas virtuosos en la redacción y decoración de papiros, una delicada obra que hoy podemos admirar en las diversas muestras presentes en multitud de museos y colecciones por todo el orbe.De excepcional calidad cabe calificar al papiro de Ani, la más completa versión del conocido Libro de los Muertos, que se conserva en el British Museum donde, a lo largo de 23,6 metros y 192 capítulos, se desvela un retrato fidedigno de la compleja religiosidad que presidía la vida y la muerte en el país de los faraones.No cabía esperar menos de un pueblo, encabezado por sus dirigentes supremos, profundamente preocupado por la existencia ultraterrena.Pirámides y papiros son símbolos reales de la voluntad faraónica por perpetuar su memoria.

Saludos.

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domingo, marzo 18, 2007

DON GIL DE LAS CALZAS VERDES

Coincidiendo con la supremacía del imperio español, fraguado durante los reinados de Carlos I y su hijo, Felipe II, a lo largo del siglo XVII se produce una eclosión creativa sin precedentes dentro de los ámbitos literario y pictórico, sobre todo, una circunstancia que motivó su justa denominación como Siglo de Oro.Dentro del campo de la literatura, el Siglo de Oro reune un cúmulo de autores que no encuentra parangón en toda la historia de España hasta la llamada generación del 98.Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Rojas Zorrilla, Calderón de la Barca, Quevedo, Góngora son autores imperecederos en la literatura española y mundial.

Dentro del enorme auge de que gozaron todos los géneros literarios, es en el apartado de la dramaturgia en el que se alcanzaron cotas inigualables en cuanto a la calidad y la cantidad de obras producidas merced al ingenio y la imaginación de ilustres autores teatrales de talla planetaria.Las representaciones teatrales se convirtieron en un acto cotidiano, habitual en el Madrid de la época, donde proliferaban multitud de autores y actores a la espera de encontrar un escenario apropiado, normalmente un corral de comedias.

Publicada en 1615, en pleno apogeo de corrales y comedias, Don Gil de las Calzas Verdes es una brillante comedia pergeñada por la pluma de uno de los más prolíficos autores del Siglo de Oro, Tirso de Molina.Su argumento versa sobre una interesante reivindicación femenina sobre algo exclusivamente reservado por entonces al sexo masculino, el honor.Cuando Don Martín arriba a Madrid, decide romper su compromiso matrimonial con Doña Juana, una mujerona vallisoletana.Agraviada por la ruptura unilateral del compromiso, Doña Juana se desplaza a Madrid donde urde una ingeniosa estratagema para intentar recuperar a su prometido, consistente en travestirse en un seductor Don Gil, resplandeciente por su belleza e inconfundible por sus medias verdes, que pondrá todo su empeño en cautivar a la mujer pretendida por Don Martín y frustar de ese modo su nuevo escarceo amoroso.

A lo largo de la obra se suceden todo tipo de situaciones desde el melodrama hasta la sátira, creando un conjunto que genera un vivo interés en el espectador.La figura estratégica de Don Gil con su estrambótico atuendo provoca un enredo tal que contribuye a la hilaridad general.Resulta sintomático observar como una prenda tan sensual como unas medias verdes desempeñaba un papel tan crucial dentro del juego masculino de la seducción y como hoy, 400 años despues, los términos se han invertido invariablemente.Lo que sí estimo similar es la vívida impresión que un viandante puede obtener de la visión de tal vistosa prenda.Lástima que se vean tan pocas medias verdes.¿Donde te escondes, Don Gil o...Doña Gila?.

Saludos.

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domingo, febrero 18, 2007

KAPURTHALA

La bailarina Anita Delgado, malagueña de nacimiento, madrileña de adopción, salió aquel día al escenario dispuesta a lucir sus mejores galas, como cualquier otro día, aunque no contaba con que iba a ser la destinataria de las inquisitivas miradas de un excepcional espectador que no se contaba entre su habitual audiencia.Fascinado por sus bellas facciones, por su gracia natural, por su exultante juventud, el maharajá de Kapurthala contemplaba extasiado las gráciles evoluciones de la malagueña, de la que más tarde se declararía perdidamente enamorado.

Este es el singular comienzo de una fabulosa aventura que llevó a una joven andaluza de humilde extracción a convertirse en la esposa de un exótico reyezuelo de un minúsculo estado hindú.A lo largo de casi 20 años la maharaní española vivió a caballo entre la rigurosa sociedad de castas hindú y la liberal Europa de principios del siglo XX.

Sobre la base de esta peculiar relación interracial, internacional e intersocial, Javier Moro teje una crónica novelada de la peripecia vital de una española de su tiempo en la lejana India en el tiempo y en la distancia.Es el relato de una época en la que se asiste a los últimos coletazos de las dinastías reales hindúes, reminiscencia de un olvidado sistema feudal que pervivió en la India hasta la consecución de la independencia en 1947.Y como espectadora privilegiada, una malagueña de piel cetrina, morena de rompe y rasga que supo cautivar a uno de los más famosos maharajás que recorrían Europa en busca de esa fórmula mágica capaz de introducir el progreso material en sus remotos reinos.Una valerosa mujer que, sin olvidar ni relegar sus propias raices, supo representar el papel de esposa predilecta, imbuyéndose profundamente en el entorno social en el que tuvo que desenvolverse, tanto entre sus súbditos de Kapurthala como entre la selecta élite social que frecuentaba la corte del maharajá.Discriminada por el aparato estatal británico, no era reconocida como soberana de Kapurthala, así como visceralmente odiada y repudiada por el resto de las esposas del maharajá, por su condición foránea y ajena a la realidad hindú, Ana Delgado tuvo la suficiente entereza para no desistir en sus convicciones, apoyada en todo momento por su rajá, que, justamente, no le perdonó su única infidelidad.

Pasión India, Javier Moro.Esa es la contraseña.El retrato fiel de una época.El retrato de Anita Delgado, la Camelia.

Saludos.

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martes, noviembre 14, 2006

OLIFANTE

Partiendo de una simple escaramuza bélica acontecida en el año 778 que tuvo como escenario el paso pirenaico de Roncesvalles-Valcarlos enfrentando a la retaguardia del ejército de un joven rey franco que se convertiría años más tarde en el legendario emperador Carlomagno del Sacro Imperio Romano-Germánico, un intento de resurrección del desaparecido Imperio Romano, con formaciones dispersas y aguerridas de vascones que, valiéndose de su profundo conocimiento del abrupto relieve montañoso, infrigieron una derrota sin paliativos al ejército franco, nace una bella mistificación poética de un episodio que tal vez nunca llegó a producirse como lo es el Cantar de Roldán.

A lo largo de más de 4000 versos se narran los avatares del noble Roldán, sobrino de Carlomagno, en su denodada lucha contra un numeroso ejército sarraceno cuando la retaguardia, comandada por él mismo, queda rezagada del grueso del ejército real.A pesar de la inferioridad manifiesta, Roldán se resiste a pedir ayuda a la vanguardia franca, batiéndose con arrojo y valentía desmedidos.Pero el esfuerzo pasa factura y finalmente, Roldán hace resonar el olifante salvador por encima del fragor de la batalla, aunque desfallecido sucumbe al igual que el resto de sus subordinados.

Es éste, sin duda, el olifante de mayor resonancia literaria mundial, de manera que la sóla mención de esta palabra evoca poderosamente la figura del par de Francia inmortalizada para la eternidad por un animoso copista llamado Turoldo que debió limitarse a poner por escrito una composición recitada a lo largo de siglos por multitud de anónimos e itinerantes juglares.Merced a la aplicación de unos cuantos de estos escribientes, han llegado a nuestros días preciosas joyas literarias medievales como lo son los cantares de gesta, testimonios imborrables de una época heroica y caballeresca.

Parece que los caballeros medievales usaban un cuerno de marfil, dada su estentórea sonoridad, para realizar señales de aviso durante los frecuentes enfrentamientos armados en los que se hallaban inmersos o durante las no menos asiduas partidas de caza a las que se entregaban los señores feudales.Sospechosamente su forma imita la de un colmillo de elefante.Y algunos, portan una cuidada talla decorada que los convierte en valiosas obras de arte.Lo confieso, no poseo ningún olifante.Aunque no me importaría poder admirarlo en silencio.Supongo que tendré que visitar algún museo.¿Alguna sugerencia, lectoras?.

Saludos.

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lunes, octubre 23, 2006

BAGOAS

El personaje de Alejandro Magno ha cautivado a numerosos artistas, escritores, incluso militares y políticos que, por diversos motivos, han elevado la figura histórica del macedonio a la categoría de semidios.Dentro de tan heterogéneo elenco, la escritora inglesa Mary Renault compuso una afamada trilogía que recorre cronológicamente la vida y hechos de Alejandro Magno, desde su plácida niñez hasta su trágica defunción, víctima de sus propios sueños.

La segunda parte de la trilogía, El muchacho persa, aborda la etapa cenital de la conquista de Asia por parte de sus huestes, marcada por ese deambular inasequible al desaliento tan alejandrino, buscando siempre el non plus ultra, aunque para ello necesitase la coartada que le brindaba la huida del Gran Rey de los persas, Darío III.Bajo la mirada embelesada de un jovencísimo eunuco persa, Bagoas, arrebatado a Darío con motivo de su huida en Gaugamela, y su brillante prosa, la novela muestra el hilo sobre el que Alejandro teje su tela de araña, dentro de la cual acabará sus días de gloria y conquista.

La nebulosa condición sexual del protagonista vuelve a escena como no podía ser de otra manera, poniendo de manifiesto su supuesta bisexualidad, que actúa a modo de bisagra entre las antagónicas concepciones griega y persa.Bagoas llegó a convertirse para el soberano universal en un soporte vital, cuya función excede la puramente sentimental para traspasar los límites que separan el poder omnímodo de la insignificancia de un vulgar súbdito.Un tal grado de cercanía al monarca heleno debió granjearle no pocas enemistades entre los compañeros griegos que lo asociaban con uno de los numerosos caprichos reales.

Fallecido Alejandro, se especula con su probable final a manos de alguna de las esposas del macedonio, celosa del poderoso ascendiente del persa sobre el apolíneo hijo de Filipo.Despues de todo, su nombre ha quedado indeleblemente grabado junto al del utópico Alejandro, como inmortal pasaje histórico, algo que seguramente nunca llegó a pensar en vida.Un desdichado azar le convirtió involuntariamente en castrado, otro afortunado azar le puso en la senda alejandrina.Y ese camino siguió hasta que su valedor inclinó la cerviz.

Saludos.

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lunes, julio 24, 2006

TEKELI-LI

Suena a onomatopeya polinesia, aunque cuando Edgar Allan Poe imaginó ese graznido brotando del pico de una de esas gigantescas aves que sobrevolaban los cielos antárticos jamás hollados por el ser humano, estaba muy lejos de evocar esas cálidas y sensuales referencias a aquellos remotos paradisíacos lugares en el confín del mundo.Si alguien ha leído alguna vez a Poe o a Lovecraft, no le soñará extraño este sonido tan terriblemente asociado a oscuras visiones de ambos escritores.

Fue Edgar Allan quién en su conocida Narración de Arthur Gordon Pym imaginó un onírico y espeluznante final para su protagonista, atrapado irremediablemente por la atracción del vacío, arrastrado por la fuerza incomparable de una endiablada corriente que se precipita estrepitosamente por un colosal sumidero localizado en el mismísimo Polo Sur, haciéndose eco de toda una larga tradición de supersticiones enraizada en el desconocimiento del medio por parte del ser humano.

Nunca existió un cataclismo de tal magnitud al descrito por el eximio autor norteamericano, producto de su febril imaginación, aunque a día de hoy es posible observar, más allá de las islas Lofoten noruegas, un singular fenómeno acuático conocido como Maëlstrom.La colisión de varias corrientes oceánicas degenera en un vórtice espiral que atrapa todo aquello que cae en su radio de acción para transportarlo a las profundidades marinas.Aunque para no ser excesivamente fantasioso, la magnitud de los remolinos no es equiparable a los desastrosos efectos causados por el siniestro Triángulo de las Bermudas.

Parece que el capitán Nemo, ese remedo de Jules Verne bajo el agua, terminó sus días, literariamente hablando, engullido por la terrible resaca del Maëlstrom.Aunque, en este caso, el libro póstumo no reseña ni aves de extraño porte ni agoreros graznidos que presagiaban la tragedia.La imaginación humana es un poderoso don.Y la realidad, a veces, supera la ficción.Verne, Poe, Lovecraft, fecundos adalides visionarios.

Saludos.

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martes, junio 20, 2006

HOLOTURIA

Recuerdo con agrado aquellos fascículos encuadernados de tapas duras dirigidos al público juvenil que escondían detrás de su inefable portada toda una suculenta recopilación de relatos de autores clásicos tan celebrados como Emilio Salgari, Thomas Fenimore Cooper, Walter Scott, Charles Dickens, Julio Verne o Alphonse Daudet.Para un provinciano ávido de emociones, la lectura de tan asombrosas historietas ilustradas suponía una ventana abierta a todo un cúmulo de personajes, lugares y vivencias tan alejadas de sus estrechos corsés espacio-temporales.

Había una narración de Emilio Salgari que portaba el rimbombante encabezamiento de Los pescadores de trepang que causó honda impresión en mi subconsciente.Que duda cabe que era la primera ocasión que tal forma léxica aparecía ante mis atónitos ojos y que duda cabe que no fui capaz de identificar el extraño animal al que designaba hasta pasado mucho tiempo.Porque la voz trepang es de origen malayo y sirve para nominar un peculiar especímen marino emparentado con las estrellas de mar, perteneciente al orden de los equinodermos, que se conoce asimismo con las denominaciones de pepino o cohombro de mar u holoturia.

El cohombro de mar recibe este apelativo en honor a la forma que adquiere su oblongo y globoso cuerpo emulando la figura de un pepino.A pesar de su aspecto un tanto repulsivo por su blanduzca consistencia y su asombroso parecido a lo que podría ser un limaco gigante, parece ser que se trata de un apreciado manjar en ciertas zonas del Sudeste asiático y empieza a invadir las mesas de los restaurantes más selectos de medio mundo.

Por ende, si encontramos un cicerone adecuado, cual capitan Nemo, que se digne presentarnos un delicioso plato de trepang para regocijo del tracto digestivo, no debemos hacer ascos ni rechazar tan amable como exótica invitación.Ya que estamos en fase ocurrente, me pregunto si existe alguna receta para una apetitosa ensalada de frutos de mar.Tenemos el pepino.Habrá que buscar los correspondientes tomates, cebolletas, pimientos y champiñones.Me pongo a la tarea, agradeciendo de antemano cualquier ayuda allende el blog.

Saludos.

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miércoles, junio 07, 2006

EPÍSTOLA

Sonoro vocablo cuyo eco nos retrotrae a lejanos paisajes de la memoria y de tiempos pretéritos, tiempos mejores tal y como versaba nuestro admirado Jorge Manrique allá por el siglo XV en su más apoteósica y desgarradora composición:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Sin duda, el malogrado poeta castellano debió manejarse a su antojo en el género epistolar, entendido como nuestra actual correspondencia postal, dentro de una convulsa realidad social como la que vivió, presidida por una inseguridad permanente más allá de los difusos límites de los poblados.Nunca se abrigaba una desmedida confianza en la seguridad de la recepción de la misiva por parte del destinatario.Asimismo se desconocía la demora que acarrearía la tortuosa singladura del pliego lacrado.A pesar de todos los inconvenientes, se han forjado excelentes escritos dentro del género epistolar que pueden considerarse venerables obras de arte.

Si apelamos a nuestro socorrido diccionario de la R.A.E., sempiterno canon, obtenemos la siguiente definición de epístola:

epístola.
(Del lat. epistŏla, y este del gr. ἐπιστολή).
1. f. Carta o misiva que se escribe a alguien.
2. f. Parte de la misa, anterior al evangelio, en la que se lee o se canta algún pasaje de las epístolas canónicas.
3. (Porque el principal ministerio del subdiácono era cantar la epístola en la misa). f. Orden sacra del subdiácono.
4. Composición poética en que el autor se dirige o finge dirigirse a una persona real o imaginaria, y cuyo fin suele ser moralizar, instruir o satirizar. En castellano se escribe generalmente en tercetos o en verso libre.

Supongo que la cuarta acepción es la versión más aproximada al significado que una buena parte de todos aquellos educados y socializados en la doctrina cristiana tenemos sobre esta vigorizante palabra.San Pablo o Paulo de Tarso, como gusten, acostumbraba a lanzar sus moderadas soflamas catolizantes en forma de epístolas dirigidas a todas aquellas gentilidades que conocemos a través de las Sagradas Escrituras.Filipenses, Gálatas, Tesalonicenses, Corintios, Romanos, Efesios fueron objeto de sus meditadas reflexiones vertidas al papiro.Parece ser que su intensa labor de proselitismo cundió entre sus acólitos, extendiendo sus enseñanzas y su cuerpo doctrinal por todos los puntos cardinales conocidos.Nunca pudo imaginar el judío converso la verdadera dimensión del edificio que él contribuyó a erigir de tan excéntrica manera.Nada menos que la Iglesia Católica Apostólica Romana.Por cierto, me pregunto si esas cabezas tocadas del capelo cardenalicio y demás miembros distinguidos de la jerarquía eclesiástica que componen la élite dirigente de unos cuantos cientos de millones de creyentes a lo largo y ancho del planeta, se han parado a pensar la desmesurada importancia que unas simples misivas pueden haber desempeñado en el desarrollo y el florecimiento de su sacrosanta institución.Sinceramente, estimo que San Pablo debería sustituir al Espíritu Santo, esa absurda invención, dentro de la todavía más absurda Trinidad como parte integrante de la corporación trascendental católica.Incluso, por sus generosos servicios, debería poseer el 51 % de las acciones bursátiles.¿Alguien da más?.

Saludos.

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domingo, mayo 14, 2006

PEREDA

A lo largo del siglo XIX se produce la eclosión y el auge literario de la novela en España, un género que alcanzó elevadas cotas de calidad merced a la aportación de toda una distinguida cohorte de escritores decimonónicos tan ilustres como lo puedan ser Benito Pérez Galdós, José de Valera, Emilia Pardo Bazán, Ramón Mesonero Romanos, Fernán Caballero o Pedro Antonio de Alarcón.Se puede afirmar sin cortapisas de ningún tipo que fueron estos preclaros autores los impulsores e iniciadores del género novelesco dentro del panorama literario hispano.

Pero esta relación anterior queda incompleta sin la presencia del insigne cántabro D. José María de Pereda y su peculiar narrativa puesta al servicio de su tierruca natal.Se suele catalogar la obra de este cántabro universal formando parte destacada de una tendencia novelística coetánea suya denominada naturalismo caracterizada por un desarrollo narrativo que se imbuye del paisaje natural y que constituye un hilo argumental privilegiado.Pereda consigue transmitir mediante su prosa ágil, descarnada, sobria, ausente de artificios, una profunda reflexión sobre su tierra y sus gentes enmarcada dentro de un agreste y áspero entorno que rezuma rezongante frescura y exultante salud por cada letra de sus párrafos.

Parece que Don José María poseía unas convicciones socio-políticas bastante claras acerca de los diversos episodios que marcaron el devenir histórico de la nación española.Su decidido apoyo al mantenimiento de las tradiciones y su radical rechazo hacia todo aquello que supusiera un cambio dramático de escenario político lo convirtieron en un tradicionalista militante de raíz conservadora.Su prosa está indisolublemente teñida por esa concepción tan respetuosa con la herencia recibida de tiempos pasados.

Me quedo con la capacidad narrativa del literato, con su fabulosa aptitud para forjar paisajes y personajes tan apegados al sustrato básico que se derivan de su excelente producción literaria.Siempre es interesante conocer diferentes versiones sobre la excelencia de la vida diaria en aquella infausta época.Pese a que casi nunca las compartamos necesariamente.

Saludos.

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martes, abril 11, 2006

EDGAR ALLAN POE

Pertenece este atormentado escritor norteamericano de Massachussets a ese selecto grupo de autores cuya producción literaria ha encontrado un merecido hueco entre los repletos anaqueles de las estanterías y bibliotecas de aquellos exquisitos catadores de la más excelsa literatura mundial.Si H.P. Lovecraft halló en la explotación del horror humano ante lo desconocido, ante aquello que escapa al entendimiento y la razón penetrando profundamente dentro del inconsciente, la piedra angular sobre la que se desgrana su onírica cosmogonía, Poe demuestra una incomparable maestría para conseguir extraer terroríficos ecos desde esos rincones de la conciencia humana que guardan atávicos sentimientos que se pierden en la noche de los tiempos y que han acompañado al hombre desde su aparición sobre la faz de la Tierra.

Edgar Allan Poe tuvo una existencia terrenal bastante azarosa, presidida por una excesiva afición al juego y una lacerante predisposición hacia el consumo de alcohol que al final le llevaría a la tumba.Inconformista, inconstante, inquieto, derrochador, se convirtió en un personaje singular que gozó de cierta fama gracias a sus mordaces críticas literarias y artículos periodísticos, una actividad que compaginaba con la publicación de sus escritos.

Una mente tan atormentada y, en ocasiones, extraviada por indefinibles vericuetos etílicos, fue capaz de alumbrar brillantes relatos de terror en los que refleja magistralmente algunos de los miedos cervales que erizan las pieles más sensibles.Aunque es el racional miedo a la muerte, narrado en primera persona, el que suele predominar en sus cuentos cortos, como El Pozo y El Péndulo, La narración de Arthur Gordon Pym o El Barril de Amontillado.

Recuerdo con delectación aquellas operetas, cabe calificarlas así, en celuloide que el genial Roger Corman se encargó de elaborar, en base a unos cuantos breves relatos de Poe, en los años 60 con la inestimable colaboración de un Vincent Price que parece haber nacido para interpretar este tipo de papeles.Y concretamente, no puedo dejar de sentir una repulsiva atracción por esa escalofriante escena de El Pozo y El Péndulo en la que el pérfido inquisidor asiste impasible a la repugnante y macabra tortura a que es sometido un incauto inocente, consciente de su horrendo final.Esa sibilante cuchilla prendida de un inexorable péndulo que desciende velozmente para el inerme cautivo.Que acude a su siniestra cita con la muerte para segar otra vida humana.

Claro que tampoco hay que desmerecer la contribución de Poe a la novela de aventuras.Supongo que no debo ser el único que atesora entre sus obras de culto ese corto e intenso relato que es El Escarabajo de Oro.Cuantas veces hemos intentado emular al intrépido Will en nuestra particular isla Sullivan, buscando la silla del diablo desde la que emplazar el catalejo para encontrar ese deseado tesoro.Aunque debo reconocer que el tesoro ya lo había descubierto antes siquiera de comenzar la búsqueda.Sigo disfrutando de su inagotable riqueza.

Saludos.

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jueves, marzo 30, 2006

ARRECIFE CORALINO

La desbordante belleza que brindan las variadas formas de vida de los fondos marinos han sido divulgadas ampliamente por eminentes estudiosos y exploradores de la fauna marina como el incombustible Jacques Yves Cousteau.Mediante unas preciosas imágenes, varias generaciones hemos descubierto la excelsa riqueza que albergan los arrecifes coralinos, esos frágiles ecosistemas marinos a cuya progresiva reducción estamos asistiendo.

El arrecife se desarrolla dentro de la zona pelágica oceánica, la plataforma continental, en aguas superficiales que permiten a los diversos organismos que las habitan extraer el máximo provecho de la abundante radiación solar vital para la función de la fotosíntesis vegetal.
Partiendo de una base alimentaria vegetal se engarza toda una cadena trófica que se desliza desde microscópicos microorganismos hasta los depredadores del arrecife pasando por toda una extensa gama zoológica de crustáceos, moluscos, artrópodos, equinodermos, anélidos y peces que figuran en la cima de la pirámide.

Pero el alma del arrecife, el verdadero esqueleto sobre el que se levanta ese armazón animado que cobija tanta pluralidad es el vistoso coral.Perteneciente al orden de los cnidarios, el coral es un animal que se asocia en densas colonias de individuos dotados de un sólido caparazón calizo.La extensión y crecimiento del macizo recubrimiento genera el arrecife, creando ficticios castillos submarinos sobre los cuales medran multitud de especies al amparo de su firme y rocosa envoltura.

La superviviencia del coral se circunscribe esencialmente a su particular relación simbiótica con ciertas especies de algas marinas que generan los nutrientes precisos y metabolizan los desechos liberados por el coral.Por ello, los corales se desarrollan en ambientes cálidos cercanos a la superficie, donde la exposición solar posibilita la realización de la función clorofílica a sus distinguidos huéspedes.Es en el radio de acción de las aguas tropicales terrestres en el que se halla la mayor concentración de arrecifes.

Los devastadores efectos combinados causados por el efecto invernadero, el calentamiento global y el crecimiento del agujero de ozono en la atmósfera están provocando un perjudicial aumento de las temperaturas de la superficie oceánica que trastorna irremisiblemente el delicado ecosistema del arrecife coralino.Ese mínimo incremento térmico desencadena la muerte de las preciadas algas simbióticas, que a su vez implica una lenta agonía para los corales.Una vez derribada la base que sustenta la pirámide, ésta se derrumba solidariamente, convirtiendo lo que era un fértil vergel en un trasunto de desierto acuático.

Una vez más, el ser humano se convierte en el principal agente modificador del entorno y como casi siempre, los daños causados son irreversibles.Una tenaz labor de siglos destruida en apenas decenios por mor de la mano del hombre.Siempre he abominado de agoreros y profetas, por eso deseo pensar que seguirá habiendo arrecifes coralinos en algún remoto punto del planeta.El arrecife es un indicador fiable de la salud global de nuestro amado planeta.Si quedan arrecifes, todavía goza de buena salud, pese a los achaques.Pero...¿hasta cuándo?.

Saludos.

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viernes, febrero 24, 2006

CARNESTOLENDAS

Llegan las fechas apropiadas para celebrar esa fiesta popular asociada a la transgresión, a la jocosidad, a la ruptura de las convenciones socialmente establecidas, en suma al regocijo del cuerpo y del espíritu que se conoce con el nombre de carnaval.Son días que se prestan a la exaltación de la alegría de vivir ampliamente festejados a lo largo y ancho del globo terráqueo, pero sobre todo en paises de tradición cultural principalmente cristiana.Nuestra amada piel de toro, antigua reserva espiritual de Occidente, no es ajena a este jolgorio colectivo con manifestaciones tan pecualiares y tan extremadamente irreverentes como puedan ser los exóticos carnavales de las Canarias o las murgas y chirigotas sureñas que rezuman sabiduría popular por todos los poros de sus irónicas composiciones glosando la más rabiosa actualidad.

Si hubiera que indagar acerca del origen de una costumbre tan enraizada en el folklore nacional, habría que retrotraerse tan lejos como a las antiguas fiestas paganas de época romana, como las lupercales, las saturnales o las exorcizadas bacanales en honor al dios del vino, Baco.El advenimiento de la florida primavera debe reseñarse como motor impulsor de la festividad.La heredera natural del legado romano, la Iglesia católica, supo convertir e integrar una ceremonia pagana dentro de su calendario festivo, de forma que el tiempo del carnaval suponía el final de la Cuaresma, y por tanto, terminaba la prohibición sacra de consumir carne.De ahí el nombre de carnestolendas, quitar la carne.

La esencia que define el carácter lúdico del carnaval se basa en la transgresión del orden socialmente aceptado, en la destrucción de los estándares, de ahí que la máxima expresión de la participación en el ambiente jocundo sea el porte del correspondiente disfraz que permitirá un escapista anonimato para poder dar rienda suelta a deseos insatisfechos o lenguaraces y mordientes comentarios inéditos en el devenir cotidiano.La máscara ayuda a soltar la lengua y a romper con preconcebidos esquemas mentales.

Un clásico castellano de la literatura medieval como es el Arcipreste de Hita dedicó atención especial a este fenómeno popular en su obra maestra, el Libro del Buen Amor, mediante unos sagaces diálogos entre Don Carnal y Doña Cuaresma, personajes antitéticos que desgranan sus razones en una divertida disputa por espacio de 992 versos alejandrinos, simbolizando la eterna dicotomía que preside los actos humanos, la carne y el espíritu, el cuerpo y el alma.

No me resisto a traer algunos versos que rezuman intenso sabor a carnaval:

Allí sale gritando la guitarra morisca
de las voses aguda e de los puntos arisca,
el corpudo laúd que tiene punto a la trisca,
la guitarra latina con ésos se aprisca

El rabé gritador con la su alta nota,
cab' él el orabín taniendo la su rota
el salterio con ellos más alto que la mota,
la vihuela de péndola con aquéstos y sota

Ahora, declaro inaugurado el carnaval del blog, se permite hacer ruido, mucho ruido, y si la ocasión se presta, hasta un disfraz he de agenciarme para no dar la nota.Ustedes que me leen, y que no suelen hacer ruido supongo que por aquello del mucho ruido, pocas nueces, ¿se van a enfundar el disfraz o ya lo traen puesto de fábrica?.

Saludos.

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