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viernes, febrero 29, 2008

CARPANTA

Para muchos niños del tardofranquismo la llegada del domingo, día de fiesta por antonomasia, suponía un aliciente añadido por cuanto era el día en que se recibía la asignación semanal, aquel que pudiera gozarla, una eximia cantidad que normalmente se destinaba a chucherías, futbolines u otros divertimentos de la época.Si se deseaba el último ejemplar del TBO o El Cachorro era obligado acumular esos diminutos óbolos a lo largo de incontables y desesperantes semanas, con la incertidumbre de pensar que cuando el dinero estuviera reunido todavía le quedara algún ejemplar residual al inefable kiosquero.

En aquellos tebeos de la transición abundaban todo tipo de historietas cortas ambientadas por personajes de todo tipo y condición, desde los traviesos Zipi y Zape hasta Mortadelo y Filemón, pasando por toda una troupe de Doña Urraca, La Familia Trapisonda, El Botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio y tantos otros que han llenado miles de páginas de nuestra adolescencia.Cuantos ratos ensimismado en devorar literalmente cuanto tebeo caía en las manos.

Había un personaje, indudablemente entroncado con la miseria de posguerra, cuya máxima y única pretensión en cada tira cómica se fundaba en llenar la barriga.De voraz apetito, siempre dispuesto a conseguir alimento fuere como fuere, aunque con nobleza y sanas intenciones, Carpanta casi nunca terminaba la historieta con la tripa llena.Expresiones tan chuscas como aquello de mover el bigote o una empleada reiteradamente por su amigo Protasio acerca de que donde come uno, comen dos, lo cual puede no significar ni a la vez ni lo mismo, han quedado grabadas en mi memoria.Aunque no llegué a conocer nunca a ningún Carpanta, haberlos, parece que los hubo y muchos.Y apostaría a que muchos tampoco se acostaban a diario saciado su hambre.Pero que malo es el hambre.

Saludos.

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