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domingo, mayo 14, 2006

PALODUZ

Desde la elevada atalaya en la que me hallo instalado actualmente, puedo rescatar nebulosos retazos desdibujados de mi ya lejana y olvidada infancia que todavía conservan cierto halo crematístico por alguna extraña razón.Uno de aquellos jirones de mi memoria se retrotrae a un ordinario episodio con el paloduz como protagonista esencial del mismo.

Recuerdo con renovado interés la inusitada expectación que un simple palito podía despertar en una mente virginal agitada por una febril actividad encauzada en la búsqueda de la recóndita mata que alberga un tesoro tan valioso como el deseado paloduz.La localización exacta de los escasos reductos del término municipal en los que proliferaba la esquiva planta se hallaba en posesión de un selectivo grupo de muchachos que se pavoneaban orgullosamente de tal conocimiento y que bajo ningún concepto osaban vulnerar ese confidencial secreto.

De forma que para una buena parte de la muchachada del pueblo no quedaba otra opción que acechar audazmente las andanzas de los elegidos o explorar vericuetos y hondonadas en busca del preciado regaliz.En cierta ocasión, un reducido grupo de exploradores topó con otra banda de incautos conocedores de una determinada ubicación secreta cuando se hallaban con las manos en la masa.La visión del codiciado botín provocó un estallido de júbilo general acompañado por una atropellada estampida hacia los hoyos abiertos en la húmeda tierra.Una frenética carrera que no se vería recompensada con los dulces efluvios de la regaliz ante la numantina defensa que presentaron los aventajados discípulos del conocimiento, azada alzada amenazante incluida.

La regaliz o paloduz es una planta leguminosa conocida ancestralmente por sus propiedades medicinales que suele alcanzar hasta 1 metro de altura, aunque su principio activo se encuentra en su apéndice subterráneo.Se consume su raiz, cortada en pequeños segmentos que succionados oralmente proporcionan un sabor dulzón y anisado bastante agradable.

Recuerdo igualmente la persistente desazón que invadía labios y lengua despues de pasar un buen rato con el dichoso palito entre los dientes.La verdad es que terminabas desechándolo con un asomo de asco.Bien pensado, no merecía un airado golpe de azada.

Saludos.

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