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martes, diciembre 20, 2005

URBANITA vs RURALITA



Supongo que no voy a añadir nada nuevo acerca de esa antigua controversia que contrapone virtudes y defectos asociados a la existencia terrenal ligada a un ambiente urbano o un entorno rural.A pesar de ello, intentaré ofrecer mi visión personal.

Creo que puedo hablar con pleno conocimiento de causa acerca de ambos tipos de vida, dado que he crecido inmerso dentro de un entorno rural y despues mi vida se ha desarrollado íntegramente sobre un mar de asfalto y un laberinto de calles.

Está claro que la vida en la ciudad permite el acceso a una serie de servicios, parcialmente necesarios hoy en día, a los que no podemos renunciar, algunos de ellos elementales como la sanidad y la educación.

La oferta de ocio, formación y comercial, es abrumadoramente superior en el mundo urbano, aunque una buena parte de esta oferta es, esencialmente hablando, innecesaria.
Vivimos en una sociedad consumista, creadora de necesidades accesorias, que fomenta la depredación, la posesión por encima de todo, que valora en función de variables dinerarias.

Al otro lado de la ecuación, se halla el mundo rural, abrazado a su concepción elemental de la existencia, sin necesidades que no sean las esenciales, influenciado intrínsecamente por el medio natural que lo engulle y anclado en usos decadentes y trasnochados si los comparamos con las formas actuales vigentes en el mundo urbano.
Pero tal vez sean estas costumbres, ancestrales, larvadas en las mentes de los ruralitas, mucho más sanas para el desenvolvimiento humano que esas aberraciones que enseñorean el mundo urbano: la brutal competitividad, el afán de posesión, el frenético ritmo de vida, la detestable amalgama en la que ha devenido la vida laboral-vida familiar, el atroz consumismo por decreto, el preocupante avance de la deshumanización...

Pienso que en el justo medio se encuentra la virtud, supongo que tampoco será la panacea, pero estimo que la existencia humana sería más plena si se pudiera gozar de forma ambivalente de las comodidades del mundo urbano y de las sabias enseñanzas vitales del mundo rural.

Aunque, para ser aguafiestas, yo me decanto sin ambages por el mundo rural.Tampoco debe ser una sorpresa, pues como muchos vamos diciendo por ahí: Soy de pueblo.

Saludos.

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3 Comments:

Blogger Lostie said...

Bueno: yo también conozco bastante bien los dos mundos, pero al contrario que tú, me decanto más por la vida urbanita.
Voy a ser muy radical: creo que la vida en un pueblo embrutece, salvo rarísimas excepciones. Y es lógico que sea así, ya que como bien dices, la oferta de ocio, formación y comercial es mucho menor, y también, sobre todo, porque la esfera de relaciones se limita.
Hablo de un pueblo de verdad, no de esos pueblos idílicos a los que se va la gente que trabaja en Madrid para huir del estrés.

11:49 a. m., diciembre 20, 2005  
Blogger Telémaco said...

galufante estoy de acuerdo contigo. Mi historia es justo al revés, nací y viví muchos años en la gran ciudad y ahora vivo en un pueblo.

Yo he buscado y he encontrado ese equilibrio que comentas en tu artículo, porque en menos de 10 minutos estoy en una ciudad con todos sus servicios. Claro que esto sólo es posible en los alrededores de las ciudades pequeñas.

En cuanto a la oferta del ocio, será cuestión de gustos, pero personalmente lo que ofrece la ciudad nunca será comparable a las maravillas que ofrece la naturaleza, pero cuando vives en la ciudad es difícil darse cuenta.

12:05 p. m., diciembre 20, 2005  
Blogger Galufante said...

Perdida:

Aunque la esfera relacional se halle limitada inexorablemente, sin duda, pienso que la profundidad de los vínculos es superior.
Menos cantidad, a cambio de mayor calidad.

Telémaco:

Así pienso yo, la naturaleza es mi inacabable centro de ocio y expansión, no lo cambio por todas las ciudades de Madrid...

Agur.

1:24 p. m., diciembre 20, 2005  

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