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sábado, noviembre 10, 2007

GANDINGA

Por circunstancias socioeconómicas que no vienen a cuento, tuve que contribuir en mi modesta medida al sostenimiento del hogar familiar trabajando durante las vacaciones estivales.En aquel ambiente agrario me acostumbré a escuchar con una relativa asiduidad, al menos respecto de algunos compañeros de labores, la acusación subrepticia de andar haciendo la gandinga, palabras textuales.No tardé demasiado tiempo en descifrar el significado de tal expresión, como pude comprobar personalmente, incluso puedo afirmar que no me sentí ajeno a ella.

Hacer la gandinga, valga la expresión vulgar empleada en las últimas alcarrias conquenses antes de la escarpada y agreste serranía, es sinónimo de contemporización, algo parece que inmanente al carácter español, tan dado al remoloneo laboral, a la indisciplina y a la tan nacional picaresca.Simultáneamente se constataba en los mismos individuos un notorio deje de adulación, de adoración, de postración y servil acatamiento hacia la figura del empleador.Hacer la gandinga es, pues, abdicar de nuestros cometidos y cultivar el gracioso arte de la diplomacia, que probado está rinde mayores y mejores frutos que el estricto cumplimiento del deber.

Hace unas semanas, durante el trancurso de una conversación informal entre varios compañeros de trabajo, se mencionó de pasada, enfatizando en su negativa influencia, acerca de la presunta falta de implicación de algunos malhadados trabajadores que, bajo situaciones de extrema urgencia, signifique eso lo que signifique, se muestran insolidarios con sus compañeros cuando se les solicita un sobreesfuerzo en forma de jornada sabatina y dominical a lo que ellos esgrimen sus justos derechos a gozar del descanso y la recuperación de su vida extralaboral.Como es normal, al menos en mi caso, no pude reprimir una dura respuesta que, por supuesto, ni satisfizo ni hizo variar su opinión a la interlocutora.

Resulta que, en un determinado ámbito laboral al menos, parece que ha calado la filosofía según la cual a mayor número de horas trabajadas, mayor volumen de trabajo realizado, craso error como parecen reflejar las estadísticas europeas que indican para el mercado español uno de los más bajos índices de productividad.Y todo aquel que no comulga ni traga ni pone en práctica tales tesis automáticamente se convierte en la oveja negra de la clase laboral, implicando de facto su marginación y limitación de expectativas.El paralelismo entre ambas situaciones es pasmoso y sólo cabe repetir aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol.Hacer la gandinga, alargar la jornada laboral sólo para acumular horas y horas de nula productividad sigue proporcionando réditos a todo el que la suscribe, aunque tampoco es garantía de éxito.Trabaje, compare y si encuentra algo peor, cómprelo.O véndalo, según se mire.

Saludos.

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