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domingo, julio 01, 2007

ARLEQUÍN

El arlequín ha sido un personaje inspirador de numerosas obras pictóricas de renombrados artistas que aprovecharon las tremendas posibilidades cromáticas de sus variopintos trajes para plasmarlos sobre una impersonal tabla pintora.A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, la figura del arlequín protagonizó composiciones de toda una legión de pintores desde los impresionistas franceses de la época hasta los postreros esbozos de los inmortales Dalí, Picasso, Gris o Miró.

Picasso desarrolló todo un compendio completo de obras dedicadas a tan singular personaje, reminiscencia decadente de una antigua tradición teatral de corte italianizante que presenta al arlequín como un pícaro bribón ataviado de esperpénticas vestiduras, engatusador de mujerzuelas y ducho en el arte del engaño y la astucia a la hora de procurarse el sustento.En cierto modo, el arlequín es una evolución escénica del omnipresente bufón de corte, un personaje que, no obstante su servil función, llegó a detentar y manejar valiosas informaciones que lo convertían en una polifacética llave.

Ya no se pintan arlequines, del mismo modo que los bufones sólo permanecen en la hagiografía del Medioevo.Aunque, si extrapolamos adecuadamente y ejercitando la abstracción, bien es cierto que ante determinadas actuaciones de nuestros preclaros representantes políticos, no podemos sino evocar aquellos malabarismos, historietas y piruetas que desgranaban para solaz de las abúlicas cortes principescas.En este caso, a la plebe le toca el turno de solazarse y carcajearse con las acostumbradas diatribas, desplantes, cacareos, maledicencias y estrambotes que unos y otros se lanzan indiscriminadamente.Sabio César, Panem et circenses.Y que corra el tinto de verano.

Saludos.

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