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miércoles, abril 11, 2007

CASERIO

Se suele reconocer el acierto de una campaña publicitaria cuando una parte de la audiencia a la que va dirigida, a fuerza de estar sometidos a una repetición machacona y contumaz, memoriza involuntariamente una fórmula que se identifica inexcusablemente con el objeto que el anunciante desea dar a conocer.Para aquellos que hemos asistido al tardofranquismo durante nuestra infancia nos resultan familiares lemas como el que afirmaba que el Cola Cao era tu fiel amigo o aquel que, sin medias tintas, honestamente aconsejaba busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo, por no mencionar otros con slogans mucho más pegadizos como el sugerente Marie Claire, Marie Claire, un panty para cada mujer o La Española, una aceituna como ninguna o Saimaza, el café de los muy cafeteros.

Aficionados como son los niños a todo tipo de productos lácteos, el queso en porciones, vulgo quesito, es un apetecible tentempié que ha remediado en el pasado deficientes niveles de calcio indispensables para el desarrollo de las articulaciones óseas.Y hablando de cremosos quesitos, en nuestro país la marca señera es El Caserío, cuyo spot publicitario afirmaba con rotundidad que era digno de fiar.Cuantas meriendas a base de El Caserío habrán liberado a millones de madres hispanas de otros tantos quebraderos de cabeza a media tarde.

Fue en el transcurso de la educación general básica donde aprendimos, asimismo, que prácticamente cada región española, todavía no existían las laureadas autonomías, gozaba de un modelo de vivienda típica, una forma tan burda como cualquier otra de fomentar un tópico.Y para ese remanso de futura paz que se conocía como Vascongadas el tópico indicaba que era el caserío su seña de identidad habitacionalmente hablando.

Si bien es cierto, prescindiendo de tópicos, que un porcentaje mayoritario de vascos no habita ningún caserío, tampoco es erróneo señalar que todavía se conservan en buen estado numerosos caseríos tradicionales, muchos de ellos restaurados y adecentados como establecimientos hosteleros o como segundas residencias.Son edificios de planta rectangular con estancias normalmente distribuidas en dos pisos dotados, de gruesas paredes de piedra y tejados a dos aguas con escasa inclinación que, en el pasado, constituían el centro de una explotación agropecuaria de carácter familiar, el baserri.

Algunos caseríos ofrecen idílicas imágenes, enclavados en abruptas pendientes montañosas, rodeados por inmensas masas boscosas, regados por rugientes torrentes de aguas límpidas y siempre imbuidos dentro del bonancible clima cantábrico.Decididamente, sueño con ese caserío de cuento de blog.¿Creeis que debo fiarme?.

Saludos.

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3 Comments:

Blogger patri said...

fiáte de tú instinto...un besazo...que ganitas de comer un triángulo.

6:54 p. m., abril 12, 2007  
Blogger Démonée said...

la de merendolas que me ha comido yo con el caserío...no sólo de medias vive el hombre, por lo que veo...

2:36 p. m., abril 13, 2007  
Blogger Galufante said...

Patri:

Pues yo prefiero un rombo,mira tú...

Demonee:

Si me apuras, de enteras tampoco...

Agur.

6:26 p. m., abril 13, 2007  

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