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viernes, abril 21, 2006

JAPOS

Como era previsible, ese compendio ejemplar de la lengua castellana que es el diccionario de la R.A.E. no posee entrada alguna para este término usado habitualmente como lenguaje coloquial o vulgar, lo que se da en llamar vulgarismo.Se me antoja una labor de desorbitadas proporciones la incorporación de tales vocablos como parte integrante del canon de la lengua castellana.Además, no creo que tales palabras merezcan ser citadas dentro de un modelo lingüístico que presume de su pulcritud y aboga por el esplendor de las letras.

Dejando aparte esta omisión flagrante por parte de la R.A.E., estudiemos las asociaciones semánticas que se desprenden de tal acepción.La primera que se me viene a la mente es la que se emplea para designar a ciertos individuos de extracción oriental, hijos del Sol naciente, de un modo un tanto despectivo y peyorativo.Todos hemos podido observar diversos grupos de animados, éxtaticos y reverentes nipones recorriendo disciplinadamente las calles y avenidas de nuestras ciudades.Más allá de algunas someras apreciaciones que pueden parecernos risibles si nos atenemos a esquemas occidentales, como pueden ser una actitud presidida por una apabullante amabilidad y un comportamiento rayano en lo gregario, no debemos dejar de constatar una serie de principios morales que marcan las pautas sociales y culturales de estos privilegiados turistas en suelo patrio.Japón es una potencia económica mundial que ha cimentado su imparable progreso y su pujanza comercial sobre la base de una sociedad comprometida, tremendamente respetuosa del sistema y regida por valores enraizados en la más sabia tradición oriental, donde tienen cabida el respeto, la tolerancia, la humildad y la constancia.Debo confesar que envidio esos saludables propósitos.

Una vez ha traspuesto ese nutrido grupo de nipones comandados por el correspondiente guía mano en alto, pasemos a esa otra significación que se deriva de este jocoso vocablo.
Convendremos en que se usa para definir ese amasijo de jugos glandulares y secreciones nasales y bucales que muchas personas expelen voluntariamente por vía oral a una distancia que suele variar en función de su capacidad pulmonar.Expulsar un salivazo o escupitajo, como cada uno/a prefiera, no parece constituir una costumbre socialmente aceptada por su naturaleza repulsiva y por la parafernalia que rodea en ocasiones al acto en sí.Aunque aquí, el que más y la que menos alguna vez se ha aliviado el gaznate soltando algún que otro galipayo, siempre que las circunstancias se lo han permitido.

Sólo me queda sondear el espacio bloguístico a la búsqueda de algún alma cándida que ose afirmar que nunca jamás ha botado un japo por su boquita de piñón.Este cuento que empezó glosando los parabienes que se derivan de la filosofía oriental acaba sorteando los esporádicos japos que florean las límpidas aceras de nuestras abarrotadas urbes.Y es que del cielo al suelo hay un párrafo.O dos, si son pequeños.

Saludos.

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7 Comments:

Anonymous Ana said...

Ogsss...qué ajjjjjcooooo!!!
Jamás de los jamases he hecho algo parecido. Nunca. Y que se me caigan las pestañas al suelo si oso hacerlo.
Es lo peor de lo peor.
Y desde luego, leer esto a según qué horas....en fin...porque es viernes.
Besos, cochinote.

11:57 a. m., abril 21, 2006  
Blogger Lula Towanda said...

De los primeros japos no me gusta su docilidad ni su entrega ciega al trabajo, les falta imaginación y un poco de rebeldía. Gracias a eso no dominan el mundo.
De la segunda acepción, no soy capaz, por eso admiro a los que escupen con naturalidad a voluntad.

6:05 p. m., abril 21, 2006  
Blogger Galufante said...

Ana:

No te imaginaba tan ajjjquerosa...Bueno, si quieres que me lo crea, haré acto de fe...
Y lo de la lectura, pues supongo que tan repugnante puede ser tanto un lunes como un viernes...Hoy es lunes...
Besos, hermosota.

Lula:

Creo que no podemos juzgar a los japos mediante nuestros esquemas occidentales, su filosofía vital es radicalmente opuesta a la nuestra y tengo que reconocer que ciertos aspectos orientales me atraen...Será la atracción que ejerce lo desconocido..
Con los que expelen oralmente sus secreciones internas, supongo que cabe colegir que una inmensa mayoría de ellos siempre realiza la expulsión en la misma dirección...por eso está el suelo lleno, lleno de japos...y por eso es preciso sortearlos al caminar...
Tal vez, si alguno se atreviese a lanzarlos hacia el espacio sideral, no tendríamos constancia de su existencia...con lo cual, no se sabe que es lo mejor...y lo peor...

Agur.

7:33 a. m., abril 24, 2006  
Blogger Perl Oui c'est moi said...

Nooooooo!!!!! Que ascooooo!!!!! Odio lo de los escupitajos por la calle!!! Deberían obligar a los viandantes a recogerlos con una bolsita, igual que las cacas de los perros.
Besos de una intransigente-japil. Por fin de vuelta!!!

11:06 a. m., abril 24, 2006  
Blogger Galufante said...

Perlim:

Supongo que cabría esperar una medida similar para todos los que desechan sus inservibles colillas en la vía peatonal...y lo mismo para los que desechan sus cajetillas...y sus bolsitas...y...y...y....

Feliz regreso.

Agur.

11:43 a. m., abril 24, 2006  
Anonymous ana said...

Me dan mucho asco los gargajos en la calle, y más asco aún los fantásticos sonidos con los que son acompañados en su trayecto por las vías respiratorias. A estos artistas los capaba yo pero sin contemplaciones. Y un par de puntitos en la boca. Y no me recreo más que acabo de comer.
Hoy es lunes y me da asco. El otro día era viernes y estaba de buen humor, por eso lo leí. Pero si sigo escribiendo sobre esto debe ser que en el fondo me da envidia esta habilidad, sobre todo masculina, de dejar huella por donde pisan...en fin... va a ser eso. Envidia cochina.
Y me voy a vomitar un poco. Hasta luego.

3:19 p. m., abril 24, 2006  
Blogger Galufante said...

Ana:

No te imaginaba tan extremista...supongo que opinarás lo mismo sobre el posible asco y repugnancia que alguien pueda sentir acerca del humo que exhalan los cigarrillos que fumas...no?

Agur.

4:47 p. m., abril 24, 2006  

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