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viernes, abril 07, 2006

DEPILACIÓN

No se puede negar que el homo sapiens ha heredado genéticamente ese rasgo tan ligado al orden de los mamíferos, y concretamente a nuestros más directos antecesores, los primates, como es la cubierta capilar que proporciona el adecuado aislamiento y protección a la frágil epidermis.Sin embargo, el desarrollo humano ha contribuido a que las leyes de la selección natural evolutiva se estén empleando a fondo para desechar un elemento del cuerpo humano cuya función primordial ha quedado relegada a un tercer plano.

Está claro que el pelo es una parte accesoria, exenta de utilidad e, incluso, puede llegar a parecer molesta para una gran cantidad de seres humanos.La extración o eliminación del vello corporal siempre se ha fundamentado sobre cánones y esquemas estéticos, pues no hay una motivacion de índole biológica para justificar la desaparición del vello.Parece ser que ya se practicaba la depilación en el antiguo Egipto y entre las damas romanas que frecuentaban los estrados de altas magistraturas se recurría a antiguos preparados herbáceos para eliminar el antiestético vello.

La depilación, entendida como eliminación del vello corporal, siempre se asoció con el sexo femenino, en base a criterios de belleza encaminados a la aplicación de cosméticos en las zonas libres de vello, como el rostro.Lo que al principio se reducía exclusivamente a la expurgación del vello facial se ha extendido actualmente al cuerpo entero, axilas, genitales, ano, piernas.El culto al cuerpo se impone en una sociedad en la que la imagen goza de un alto predicamento.

Y con la modernidad, llegó la depilación masculina.Estos tiempos de metrosexualidad que nos está tocando vivir asisten a la cada vez mayor apetencia del hombre por el rostro lampiño, el pecho altivo, el abdomen tableteado, las piernas sedosas y, por qué no, los genitales mondos y lirondos.Una práctica abominable y que se asociaba indefectiblemente a tendencias desviadas, reducida a círculos especializados como ciclistas, atletas y nadadores, ha pasado a ser elevada a los altares del olimpo varonil.La resquebrajable moral masculina se tambalea bajo el influjo de una uniformación feminizante.Y muchos y muchas se echan las manos a la cabeza.

No tengo ningún apego especial por esa adherente mata de pelo que envuelve mi florido cuerpecillo, si en mi mano estuviera su desaparición fulminante e irreversible, sin duda, pulsaría el botón.Aunque mi hombría fuese puesta en entredicho.Ahora, quiero pulsar vuestras teclas para que ofrezcais la opinión que os merece la depilación propia o la del que duerme al lado.

Saludos.

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5 Comments:

Blogger Jean Bedel said...

Malos tiempos para los Osos :-)

1:25 p. m., abril 09, 2006  
Anonymous Ana said...

Me molestan mis pelos, pero no le doy importancia a los de los demás.
Esos hombres con piel de rana no me terminan de volver loca.

8:05 p. m., abril 09, 2006  
Blogger Galufante said...

Bedel:

Que se lo digan a Triki, no?

Ana:

Bueno, piensa que al igual que a ti te molestan tus pelos, a ellos les puede pasar lo mismo...Además, eso de la piel de rana lo dices ahora...pero ya me gustaría saber lo que opinas si se te cruza un pecho-lobo de esos en tu camino..

Agur.

7:30 a. m., abril 10, 2006  
Anonymous Ana said...

Jajajaja!
Es que si a tí se te cruza una mujer guapa, inteligente y con las piernas largas y tal y tal vas a dejar de tirarte de cabeza a la piscina porque vaya sin depilar?
Pues eso.
Si se me pone por delante no voy a esperar a que le crezca el pelito. Pero visualmente, cuatro pelos no me estorban. Me da miedo un hombre que se mire demasiado el ombligo.
En el término medio está la virtud, dicen. Y por supuesto, yo no soy de piedra, ni falta que hace ;)

11:52 a. m., abril 11, 2006  
Blogger Galufante said...

Ana:

Yo creo que peor que se mire el ombligo, es que se mire un poco más abajo...la realidad es que el centro de gravedad de muchos hombres radica precisamente en esa delicada parte de su anatomía...Y en esto creo que existe unanimidad al respecto, todos adoran su miembro viril, velludo o no...

Agur.

7:30 a. m., abril 12, 2006  

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