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viernes, agosto 17, 2007

ANEA

Aunque 30 años parezcan un lapso de tiempo considerable a escala humana, lo cierto es que apenas representan un instante dentro de la infinitud del Universo.Hace 30 años que, acuciados por un retraso secular de siglos y un oscuro período de autarquía y escasez, en muchos hogares españoles, al menos en el entorno rural, se fabricaban enseres y mobiliario para la vivienda familiar.Una labor artesanal que para muchos se convirtió en el único modo posible de ganarse el pan que llevarse a la boca.

Recuerdo una de esas tardes de sol abrasador saliendo a la puerta de casa.Sigilosamente observo como el tío Pedro, enfrascado entre cepillos y hebras, sentado en el fresco zagúan de su vivienda, cigarrillo en la boca y con una mueca de profunda concentración en su oliváceo rostro, perfila y modela los listones de madera que compondrán el armazón de lo que será una silla de anea.Quizás emplee un día completo para crear una de sus sillas de diseño exclusivo que seguramente ya está apalabrada con algún vecino de nuestra misma calle.

Otro día permite ser acompañado por una recua de mozalbetes, previa advertencia de que con la burra no se juega, hacia la ribera del río en busca de la materia prima que sirve para tejer el asiento de la silla.Apenas se llega a un recodo donde el río se remansa, aparece una mancha de aneas, una planta que crece en el agua, de hojas alargadas y tremendamente afiladas que, una vez secas, se transformarán en flexibles fibras.Aunque para la muchachada resulte mucho más divertido desgranar al aire las compactas espigas en las que se agrupan sus flores, llenando la superficie fluvial de una original lluvia floral.Estampas de verano, retratos de otra época.Ahora, las aneas no tienen quién las teja.Habiendo Leroy Merlin o Ikea, ¿quién las necesita?.

Saludos.

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