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miércoles, diciembre 13, 2006

MONTEZUMA

Cada vez son más numerosos los turistas patrios que se dejan seducir por un destino un tanto alejado de las posibilidades económicas del común de los españoles como es Costa Rica.Enclavado entre Panamá y Nicaragua, formando parte de ese alargado istmo que conecta las dos Américas, el país de los ticos ofrece ante todo su exuberancia natural en forma de parques nacionales, que comprenden más del 30 % de su superficie, atesorando una extensa variedad de hábitats poblados por una rica representación botánica y zoológica que sigue enriqueciendo a diario el catálogo de especies vivientes.

Costa Rica es un pequeño universo en miniatura que goza de lujuriantes playas de fina arena del mismo modo que pintorescos panoramas desde las alturas de sus volcanes, con la omnipresencia de toda una gama de bosques tropicales lluviosos que se cuentan entre los más saludables del planeta.Es de agradecer el tremendo esfuerzo y la no menos concienzuda aplicación que los costarricenses demuestran por la conservación de su patrimonio natural.

Si hojeamos alguno de esos folletos informativos que tan a menudo sustraemos de nuestra agencia de viajes favorita, rápidamente saltan a la vista clásicos como Tortuguero, Poás, Arenal, Tabacón, Cahuita, Puerto Limón, Monteverde o complejos hoteleros, no demasiado respetuosos con el entorno, como Playa Tambor o Playa Conchal en la costa pacífica.Afortunadamente, siempre quedan olvidados rincones que, lejos del bullicio que apareja el turismo masivo, se mantienen incólumes ante el paso del tiempo, conservando su idiosincrasia propia e intransferible.

Situada en la punta más septentrional de la península de Nicoya, al oeste del país, bañada por el océano Pacífico, se ubica Montezuma, un encantador pueblito que destila una atmósfera kistch por todos sus rincones, un aire hippy, indolente, cálido, cercano a una virginal inocencia que sumerge al viajero en un ambiente surreal.Mecido por las olas que baten contra la exigua playa y acompañado por ese saludo generalizado tan vitalista que te desea Pura Vida, uno llegar a pensar en soterrar el mundanal ruido de claxones y sirenas para abandonarse al desgaire de esa existencia tan prístina como nos desean nuestros anfitriones.

No lejos del pueblo, trochando a través de un sendero no demasiado empinado entre densas masas forestales, se puede contemplar la cascada de Montezuma, un paraíso de los sentidos.No me importaría intercambiar el enervante soniquete del tráfico rodado madrileño por el estruendoso impacto salpicante de esta catarata.Lástima que haya que cruzar el charco para quedar obnubilado por tanta belleza.Quizás sea lo mejor para preservarla de futuras amenazas.

Saludos.

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2 Comments:

Anonymous ana said...

Creo que necesito unas vacaciones de chiruca vaga y playa ancha.
Voy a comprarme una hucha.
Beso

8:43 p. m., diciembre 13, 2006  
Blogger Galufante said...

Anita:

Me parece que la hucha debe ser del tamaño de una catedral para sacar a relucir las chirucas...

Agur.

2:25 p. m., diciembre 14, 2006  

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