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miércoles, marzo 15, 2006

MINAS DEL REY SALOMON

Ciertas obras literarias que se podrían encuadrar dentro del género de la novela de aventuras se prestan irresistiblemente a adaptaciones cinematográficas, más o menos fieles al original.La fabulosa novela del británico Henry Rider Haggard del mismo nombre, publicada en 1885, ha sido trasladada al celuloide en numerosas ocasiones, aunque en la retina de los buenos cinéfilos ocupa una posición privilegiada la excelente versión protagonizada por unos Stewart Granger, encarnando al valeroso aventurero Allan Quatermain, y Deborah Kerr que se hallaban en el apogeo de sus respectivas carreras.

Aparquemos la ficción audiovisual y tomemos los derroteros de la senda legendaria.El siglo XIX asistió a la difusión de diversas leyendas sustentadas sobre endebles cimientos históricos, fomentadas por ese romanticismo que caracterizó una buena parte de la centuria, potenciado a su vez por el creciente interés europeo por un continente exótico y lejano como lo era el Africa de entonces.Es la época dorada de las exploraciones heroicas, intrépidas y los descubrimientos en el continente negro.Nombres como Livingstone, Mungo Park, Stanley han pasado a la historia por su especial contribución al conocimiento de la geografía africana.

La leyenda de las minas del Rey Salomón encuentra su base histórica en la supuesta riqueza que presidió el reinado del soberano israelita, una tal opulencia que le permitió erigir un colosal templo a la divinidad hebrea, Yaveh, para lo cual no dudó en hacer acopio de los más nobles materiales, desde madera de cedro del Líbano para suelos, puertas y vigas hasta el preciado oro con el que fueron chapadas las puertas de acceso al templo, empleando para su construcción la nada despreciable cifra de casi 200.000 obreros.Una obra megalómana para ensalzar la gloria de un Jehová que no pudo evitar la destrucción del mismo por el babilonio Nabucodonosor en el año 587 antes de Cristo.

Es en el origen del valioso metal dorado donde se halla el enigma que la leyenda trata de desentrañar.A nadie le sonará como algo extraño la literaria figura de la reina de Saba, un personaje a medio camino entre la fábula y la realidad que aparece mentada en la Biblia, Libro de los reyes concretamente.Se especula con la localización exacta de sus dominios, siendo Abisina una de las opciones predilectas.Aunque parece que el oro no abunda por esos lares.

Asimismo, la frenética actividad comercial del rey judío era tal que las escrituras afirman que sus naves mercantes llegaban hasta la remota Ofir, otro topónimo sin localización definida, desde la cual volvían cargadas de preciosas mercancías como marfil, oro, piedras preciosas y aromática madera de sándalo.

Cabe colegir que, pese al desconocimiento histórico que pesa sobre el pasado africano tan remoto como el siglo X antes de Cristo, ya existían contactos comerciales entre las diferentes etnias del continente y es más que probable que los apreciados metales proviniesen del centro y del sur del continente.Henry Rider Haggard se limitó a sacar provecho de la nebulosa que se cernía sobre ciertas regiones australes inexploradas, hoy formando parte de paises como Mozambique, Zambia o Malawi, para situar las legendarias minas del Rey Salomón dentro de un entorno abiertamente hóstil y presidido por el peligro.

No puedo dejar de sentir un agradable regusto cada vez que recuerdo la novela.Parece ser que logró un éxito fulminante a su publicación.Y lo sigue cosechando, parece que el romanticismo se resiste a abandonar su cálido rinconcito en el inconsciente colectivo.
Yo me pregunto si el poderoso Salomón llegó a pensar alguna vez acerca de la procedencia del refulgente metal que recubría las monumentales puertas de su modélico templo.Saba, Ofir, Africa.Nunca lo sabremos.

Saludos.

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2 Comments:

Blogger Perl Oui c'est moi said...

Lo que está claro es que Salomón no podía ni pensar en la de quebraderos de cabeza que iba a dar siglos despúes a los investigadores!!!

Eres una enciclopedia!! Me encanta leerte, aunque no siempre te comente!

9:30 a. m., marzo 16, 2006  
Blogger Galufante said...

Perlim:

Ni siquiera pensaría que pudieran existir esos investigadores...
Gracias por el cumplido, los comentarios son la guinda del pastel, me basta con poder abrir la mente a los demás aunque sólo sea un poquito...

Agur.

7:21 a. m., marzo 21, 2006  

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